De aquellos barros, el lodo del fútbol (II)

Aparte de repartir más dinero público de las Quinielas entre los clubes, para que salden deudas producto de gestiones pésimas e irresponsables, andan los políticos en una reforma de la Ley del Deporte que intente, otra vez, ordenar el sector, eliminar la barra libre que existe, fundamentalmente, en la gestión de los clubes profesionales de fútbol. De un tiempo a esta parte, una Subcomisión del Congreso estudia cómo afrontar lo que llaman la Reforma del Deporte Profesional. Según contaban mis profes en el Máster, esa subcomisión ya ha emitido un informe, con el que el Secretario de Estado debería convencer a todos para firmar la ley por consenso. Cuentan que es tarea difícil, porque el planteamiento de los principales partidos políticos difiere bastante (ya anticipo que para haber estado tiempo escuchando informes jurídicos y dándole vueltas al tema, las conclusiones no son brillantes, a mi juicio).

Ambos grupos parlamentarios, el socialista y el popular, disienten en su diagnósticos de la situación actual. Mientras los socialistas creen que habría que mantener el sistema de las SADs, porque “no estamos peor que en el 90”, los populares abogan por eliminar la obligación de constituirse en sociedad anónima deportiva para inscribirse en competiciones profesionales (1ª, 2ª y ACB). Es decir, que se trate por igual a los distintos tipos de personas jurídicas en uso (SADs, clubes deportivos).

Por otro lado, y a mi juicio ésta podría ser la piedra filosofal de la reforma, ambos grupos están de acuerdo en que hay que fijar criterios económicos firmes para la participación en las competiciones deportivas. Se trataría de un control de solvencia previo a la competición, que asegure que los equipos no tienen deudas con la Administración, ni con los deportistas, y que la deuda privada que mantienen con terceros no les coloque en situación de insolvencia. Éste control, que ha fallado cuando ha sido “autocontrol”, al menos en el fútbol (ver primera parte de este artículo, en el archivo), se encargaría, y aquí está la novedad, a un órgano de control externo al deporte, que dependería, probablemente, de la Hacienda Pública.

Por último, respecto a un tema complicado, como es el “límite salarial” (la posibilidad de limitar la capacidad de gasto), mientras unos parecen apostar por él, los otros dicen “hay que hacer un análisis profundo de esta posibilidad” (no se han matado, desde luego). Sí es cierto que este punto, pese a que el presidente de la LFP lo dejó caer hace poco, me cuesta verlo en marcha. Por una sencilla razón. ¿Qué pasa si limitamos los salarios en España, por nuestra cuenta y riesgo? Resumiendo: estampida de grandes estrellas hacia Italia, Inlgaterra, Alemania, Qatar (ojo a Qatar)… En ese sentido, si la UE fuera de la mano con la UEFA, que ya habla del “juego limpio financiero” y de esa limitación presupuestaria, quizá avanzaríamos algo. Pero aún llegando a un acuerdo común para poner topes salariales, para evitar la “fuga de cerebros” (peli muy divertida, compañero Fernando, muy divertida), se debería afrontar una armonización de la tributación fiscal en el continente. Es decir, los impuestos para los deportistas, igual en todos los sitios. Imposible. Nos olvidamos. Ni de c…, vamos.

Con lo cual, de resultas de tanto estudio y tanta reunión parlamentaria, llegan a la conclusión básica de que hay que destinar recursos públicos, otra vez, a controlar el negocio privado de los señores del fútbol. Que aún aceptando el tema por la trascendencia pública del sector, habría que ver si realmente se va a afrontar con severidad la nueva regla del juego económica, o, como decíamos el otro día, la próxima vez que un club no cumpla, y Hacienda le descienda, el presidente de turno volverá a decir “a mí no me bajáis por mis santos c…”, sacará los tanques a la calle como pasó en el 95, el gobernante se asustará, se echará patrás y volveremos a poner más pasta de la quiniela para tapar agujeros negros.

PD: como si has llegado hasta aquí no puedo más que aplaudirte, dejo varias preguntas en el aire. ¿Por qué tenemos que pagar con dinero público las deudas de empresas privadas con sus empleados? ¿Es sano que el sindicalista se pasee por el Palco del Bernabeu el día del Clásico, entre políticos, empresarios, y famosos en general, cuando ha convocado una huelga? ¿Es verdad que el vicepresidente de la patronal ha sido el principal asesor del sindicalista? ¿Donde está el compromiso de los futbolistas que reclamaba servidor hace unas semanas en materia de dinero negro, de primas a terceros, de sobornos en apuestas, que afortunadamente nunca ha habido, por supuesto, pero que podría haber en el futuro? Parezco Peñafiel en Mi Semana de El Mundo. Seguiremos informando.

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