Twitterías

Me tienen frito, con esto del feisbú, el bló, el tuenti, y ahora el twitter. He procurado no removerlos mucho, que esto de los fologüers se desmadra y es una locura. Pero aún así, es un no parar tol día. Ángel Martín, de SLQH, me despierta a diario con la tira cómica de La Nación, que está bien, pero tampoco es pa retorcerse de risa por los suelos. Entre mi colega Ángel y Buenafuente me dan la mañana; éste, con sus dibujitos sobre objetos raros (creo que está afanado en competir con Kukuxumusu); y luego aparece Berto y sus peticiones: ahora quiere que le mande preguntas para Sardá, que va el lunes a BFN. Pesao.

Estoy tratando de hacer las tareas del hogar, y de comunicarme bis a bis con el mundo que nos rodea, salir a la calle y esas cosas pre-tuiterianas, y aparece alguien que retuitea alguna sentencia de Melchor Miralles; procuro no hacerle mucho caso, pero el tío manda mucho, y como somos colegas de cuando el Madrid, pues lo leo. Antes de comer, Rober Bodegas suele anticipar algo del SLQH del día. Luego vuelve Ángel pa contarme que él o Dani Mateo actúan en la Chocita del Loro, o van de bolos por ahí, con sus mongólogos.

Por la tarde suele aparecer otra vez mi colega Andreu, aunque esta semana se enfadó porque le presionamos con los datos de audiencia de Santi Millán, y debe andar pataleando un “ea, ahora no tuiteo”. Ando preocupado por otro Andrés. Iniesta para los fans; aunque me da que él es más de feisbú.Tampoco falla mi colega Alberto Contador, que desde que nos conocimos cuando lo llevé a hacer el Tour del Bernabéu, tuiteamos mucho (yo no fologüo a Armstrong. Lance, caca. Contador, el mejor). Alberto está tol día mandando fotitos de sus entrenamientos de cinco horas por la Sierra, o de la carrera de turno. Pereiro, gregario de lujo, tampoco para. Me tienen petao el tuiter.

Y de mis colegas escritores, García Márquez es un cansino, desde el cariño. Sus tuís son frases de Cien años de Soledad, o de los tiempos del cólera. Pon algo tuyo, majo, que no sé nada de tí. Pérez Reverte anda con sus batallas, sus barcos, sus libros, sus repúblicas, sus pasodetodo… El otro día cenaba en Lucio, el de los huevos, y me tuiteó pa decirme que había una finlandesa soplá… Qué cosas. En fin, tengo a Jesús Calleja en Islandia, buscando un volcán, y espero que tuitee, porque sus desafios extremos son una locura y un día van a tener un percance, y más si el volcó erupciona, como éste. Paso de fologuar a Bear Grylls, porque con una cantimplora y su equipo de cámaras se puede sobrevivir, pero no tuitear. No paro, me tienen agotao mis colegas del tuiter. Menos mal que en general paso de periodistas deportivos, que son unos brasas, y mu cotillas. Qué pena que esto no existiera hace diez años. Lo hubiera petao, como Borja Pérez, preguntando: “¿tuiteas o feisbuqueas?”.

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