La madre de todas las Ligas

España es el único país de Europa donde los clubes de su liga profesional venden individualmente sus derechos de televisión. ¿Por qué? Pues porque tradicionalmente la Liga como grupo ha tenido menos fuerza que sus integrantes; y entre éstos, los grandes se han mantenido al margen del resto, porque es obvio que sus derechos tienen mejor venta que los de los pequeños. Ahora, veintiseis clubes de la LFP han firmado un escrito en el que reclaman la venta colectiva de los derechos de la competición.

En el fondo, hay una discusión que en nuestro fútbol no apetece plantear. ¿Qué es lo que se vende? ¿Qué es lo que realmente tiene valor? Al fin y al cabo, lo que es en realidad cuantificable en sí es la competición. La prueba es que la Premier es una marca reconocida en Asia, donde vende sus derechos por 300 millones de euros, por los 60 que obtiene la Liga de las Estrellas. La segunda prueba es que, en todo el mundo, se compran derechos de la NBA, y no de los Lakers, de los Bulls, o de los Raptors. Pues aquí, el Real Madrid y el FC Barcelona, que son las franquicias por excelencia, se ponen por delante de la marca, que debería ser la LFP. Cierto que ambos clubes son marcas mundiales, pero también lo es que ambos, sin el resto, serían mitos vacíos de contenido real.

Ahora, los modestos, ahogados por deudas y asustados ante el abismo de la desaparición por inanición, firman una carta en la que piden a quien les oiga que se obligue a la LFP a vender los derechos de la competición y repartir por igual. La excusa es que así no habrá 24 puntos de distancia a falta de cinco jornadas entre el segundo y el tercero, y todo será más competido. En el fondo, el miedo a la desaparición, el horizonte que les abre la limitación de la venta de derechos que marca la nueva Ley de Comunicación, y la petición de la Comisión Nacional de la Competencia de que se limiten los contratos televisivos a tres años (lo que haría que a los grandes les tocara pronto renegociar los suyos, momento idoneo para convencerlos de las bondades del contrato colectivo).

Así las cosas, se intuyen varias salidas: que Real y Barça entiendan que el negocio del fútbol pasa por ser solidarios con el resto de competidores, y se estudien fórmulas para igualar recursos. O que Real y Barça siguan a lo suyo y la competición nacional pierda interés (esto es un coñazo, reconozcamoslo; la Liga se decide en una eliminatoria a ida y vuelta en el Camp Nou y el Bernabeu, y el resto, a por las migajas).

Al final de este camino se esconde el viejo sueño de muchos en este mundo del fútbol. Una Liga Europea (no confundir con la Europa Lig) a la altura de los ingresos que demandan los grandes clubes del continente; una ampliación en tiempo y forma de la actual Champions, que dejaría las ligas nacionales en competiciones de segunda, para los mortales, con o sin la participación de los Real, Barça, etc.. (que quizá mantendrían filiales, si quieren). Sería la madre de todas las ligas. Y la pregunta que dejo en el aire, por si alguien la caza y me la responde es: ¿Dentro o fuera del sistema oficial? ¿Con la UEFA o por libre? Modestamente, si tomara forma el asunto, que ya hubo intentos como el del G-14, creo que sería fuera de lo oficial, como pasó con el baloncesto. ¿Y como tendría visos de prosperar una competición europea ajena al mandato UEFA, mucho más poderosa que la FIBA? Si, por un casual, fuese auspiciada por la Unión Europea. Ahí lo dejo. Porque este asunto tiene más trasfondo del que parece. Seguiremos dándole vueltas al tema.

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