Unas Marco para el Arousa Fútbol 7

De niño, entre mis sueños de futbolista mandaban las Marco, unas botas negras con una lista blanca, sencillas, “profesionales”, que tenían todos los jugadores güenos. Unas Marco, y un balón de reglamento. De esos que se pelaban pronto y quedaban grises, marcando costuras, hasta que reventaban dejando ver la cámara naranja. Pensando en este artículo, me vino a la memoria que en el colegio, con mis colegas de siempre, sustituíamos la pelota, si no la había, porque el dueño no se había bajao al Parque Suárez, o a Las Mercedes, mi colegio, por materiales de todo tipo: bolsas que llenábamos de mierda y atábamos con dos o tres vueltas, nudo a nudo, hasta que resultaba algo parecido a una bola de petanca deformada. Al rato de patadas, reventaba, y cubría de la misma mierda el parque. Se acababa el partido y salíamos zumbando para evitar la bronca del guarda. Pero valía. Trozos de ladrillo. Piedras no muy grandes. Pelotas de plástico pinchadas, a las que intentabas prolongarle algo la vida tapando el pinchazo con un chicle. Pa ná.

Cuando de la calle pasamos al colegio, y al instituto, llegaron las Marco. Pero como tenía la manía de arrastrar la punta de la bota izquierda, me las cargaba a los dos usos, y mi mamá me echaba la bronca, con razón, claro. Por eso pedí, como último recurso a mis papas, unas Munich reforzadas por la puntera (las de la cruz). Tenían, eso, la punta de cartón duro… Nada. Dos telediarios. Así que me dediqué durante tiempo, para amortizarlas un poco, a reforzarlas por mi cuenta con esparadrapo, más cartones,… yo que sé.

Me vino todo esto a la cabeza el finde pasado, que estuve disfrutando de un torneo de alevines en Vilagarcía de Arousa, en la Rías Baixas de Galicia, un sitio para hacerse zen, olvidarse de comer carne y alejarse del mundo. El torneo, que montan un grupo de buenas gentes sin interés ajeno al puro placer, ha conseguido reunir en sus quince años de vida a equipos de todo el mundo. Este año ganó el Inter, jugando a lo Mou, lo prometo. Claro que los niños de “doce años” me sacaban tres cabezas. Y yo soy gordo (bajando) pero no bajito (ya no crezco). Vamos, que los de doce años parecían de dieciséis.

El torneo es una maravilla. Fruto del sueño de un profe, Manuel Diz, que se pelea durante el año con todos los que deberían apostar por un acontecimiento que está poniendo el nombre de la zona en el mapa del fútbol a nivel europeo, y no lo hacen como debieran. Luego se dan codazos por el palco y por entregar un premio. Que para eso están, por supuesto, pero también podían apoyar como procede y no a base de peleas por una pancarta más o menos.

Pero a lo que voy. Es un torneo, el Fútbol 7 de Arousa que se ha ganado buena fama por el trato exquisito que, según reconocen los entrenadores de Real Madrid, Sporting, Sevilla, Valencia, Atlético,… se dispensa a los equipos (los grandes de España y Europa comparten competición con los equipos de la zona, y eso hace más grande al torneo). Este año participaron el Inter, el Liverpool, el Tottenham, el PSG,… hasta un equipo japonés que causó sensación.

Os contaba lo de mis Marco porque, con envidia desde la grada, quise tener doce años y vestir una camiseta oficial de cualquier club, jugar en césped de verdad, no sobre el asfalto donde me dejé la cabeza un par de veces (cicatrices hay que dan fe), tener veinticinco cámaras de foto y video a mi alrededor cuando recogía el premio, y calzar unas botas de las que se llevan este año. El modelo triunfador: ése morao con una raya naranja, creo, que llevaron los de Nike este año. Luego, las fosforito. Y después, toda la gama completa de las marcas punteras. Recogepelotas por todo el campo (no como en mi niñez, que empeñabas la pelota en la del primero y te la rajaba o se la quedaba). Porterías de verdad, entrenadores profesionales, público jaleándote… Trofeos para todos los participantes, hoteles de maravilla, donde se respira aire de mar, donde conviven los niños y se entienden españoles con italianos, y con japoneses y con ingleses,… Y no sé cómo, la verdad, pero terminan siendo coleguitas y supongo que se intercambian el feisbu.

Quise ser un enano de ésos, con su chándal oficial paseando por el maravilloso puerto de Vilagarcía, con el autobús de su club esperando a que los chicos terminaran el paseo antes del almuerzo y la charla de los míster. Me vi levantando el trofeo de vencedor, al son de Freddy Mercury y enmarcado por fuegos artificiales de los que dejaban la boca abierta. Quise que alguien me diera unas Marco o el título de entrenador, para el año que viene vivir el torneo en la hierba, aunque fuera de suplente. Me conformo con poder hacer los ronditos del descanso. Porfa, porfa, porfa

Un comentario

  1. Que razón que tienes, antes teníamos pelota y a veces aparecía uno con el balón de “reglamento”. “Reglamento” que palabra, ahora todos los niños se debaten entre el nike de la liga o el adidas del mundial. Balones que cambian todos los años de dibujo. Nuestro antiguo de “reglamento”, en su mayoría el tango adidas. ¿Cuánto duró este balón en circulación? Que tiempos.

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