¿Cual es el problema con Iker?

Lo mismo mi vida zen y la comunicación corporativa me han desactivado la capacidad crítica. No sé. De unos días a esta parte veo pasar boquiabierto ante mis narices una exagerada corriente de ansiedad por extraer polémicas de un pozo que creo vacío como es el de la Selección. Y no entiendo de donde viene, la corriente, digo. Hoy el drama era que Vicente del Bosque, con sus declaraciones, como ayer Valdés con las suyas, han acabado con el recurrente mal rollo entre porteros de la Roja (alguien comenta, por cierto, que en Intereconomía no dejan utilizar esta expresión, que hay que decir “la Roja y gualda“. No sé si será coña). Bueno, sin dispersarse. Se acabó el tema “mal rollo” entre Iker, Reina y Valdés. Pasamos a acribillar al capitán. Ahora voy con eso. Antes diré que me inquieta la necesidad que tienen algunos de rascar en busca de la polémica. Hoy, uno nuevo que no conozco se quejaba amargamente de no poder contrastar “si en Schruns hay una parte de la población que esté molesta con la llegada de la Selección, porque, claro, un follón de estos siempre incomoda a alguien” (textual). Lo tomo como fogosidad pasajera, de las que vi muchas, por cierto. Y como eran pasajeras, pasaron, y afortunadamente se llevaron a los dueños.

Está científicamente comprobado que la gente lee más prensa, ve más tele, escucha más radios, consume más internet, cuando las noticias son felices. Cuando la victoria es protagonista, el público quiere saber más. Por eso, no me cabe en la cabeza comprobar que hay quien es incapaz de moverse en la normalidad, en la alegría, en el aplauso. ¿Por qué cuesta tanto presumir de Selección? Conste: hubo un tiempo en el que viví en la crítica feroz. ¿Pero acaso hoy no hay unanimidad en que estamos ante algo histórico? Concluyo que la polémica provoca noticias fáciles. Lo fácil es más cómodo. Y lo cómodo es el estado natural del vago.

Y el tema Iker. Si un grupo, un club o una selección es grande, lo es por el compromiso de los integrantes. Compromiso que no se compra, ni se vende, por muchos millones que digas tener para pagarlos excelentemente. Iker Casillas ha pasado buenos y malos momentos. Ha estado mejor y peor. Pero hoy, a sus veintimuchos, ya es nuestro capitán. Los elegidos son grandes por su compromiso, y por muchas más cosas que las marcas que baten en el terreno de juego (Iker, además, tiene algunos récords y más que vendrán. Casillas gana ligas, europeos y Champions con sus paradas). Dudar de Iker Casillas es dudar de la Selección, que ya nos ha llevado en 2008 a ganar la Eurocopa. Yo, que no trato con él más allá del saludo cortés, no tengo ni idea de si le pasa algo. Dicen que está raro. Es verdad que no concede entrevistas a nadie y esto alimenta especulaciones. Y de paso sirve de excusa para empequeñecerlo. ¿Por qué, con qué motivo? Insisto, yo no sé si le pasa algo, pero sé que Iker no nos va a echar del Mundial, más al contrario. Es el capitán, es nuestro portero, y no debemos cometer el error de crucificarlo en función de si habla o no con la prensa. En función de si se lía con una o con otra, o con dos a la vez, o con quince.

Si algo falla en Sudáfrica, a muerte con la crítica al día siguiente de que nos echen. La prensa, a sacrificar, y los que estamos en la comunicación institucional, a intentar minimizar, o a sumergirnos en las profundidades del océano. Pero, ahora que está la gente lanzada, que la ilusión está por las nubes, que la selección crea sueños, ¿es mucho pedir que vayamos todos a una, aunque sea esta vez? Ya lo pedí hace algunas semanas, lo sé, pero es que veo cosas que me sacarían de mis iker, perdón, mis casillas, si no fuera un tío integrado con lo zen. Y ya me callo de Iker. Hoy me da pena irme de Schruns, que debe significar “Tierra sin sol”, “resfriado” o algo así. Ah, esta tarde, en www.rfef.es, narramos el partido para la tele desde Innsbruck, en directo y para todo el mundo. La modernidad, es lo que tiene.

P.D.: se acaba de estrellar un pajarillo contra la ventana de mi habitación… Será una paloma mensajera de Heidi, o a lo mejor trae amenazas de Pedro, por contar sus cosas íntimas. Me dirá “gordo“, claro. Pobrecillo, el bicho, digo. Qué leche sa metio. ¿Los pájaros se suicidan como los kamikaze? ¿Sería un pajarillo triste como el de Twitter?

Un comentario

  1. Hola, AntonioHoy no puedo seguirte porque tengo una pila de curro pero que sepas que ya he recomendado tu artículo porque me ha gustado mucho… Vamos, como siempreSaludos

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