Mis etapones por Los Montes

Pues a mí me parece que la junta culata del Ferrari es culpable de los males de Alonso, porque, siempre le caen el muerto a los neumáticos, o al Picazo del equipo, o a Hamilton, pero nadie se ha fijado en la trocola del efe como se llame, el cochecito lerén del ovetense. Y además, me parece que Ricky debería jugar más, y que los del baloncesto le pueden ganar a USA.

Por otro lado, pienso que el pisha lo va a hacer de maravilla en la Ryder, aunque sea un borde redomado, y que el jeque-jeque del Málaga debería fichar a más gente, ya que dice que va a invertir, porque si no, nos vamos a Segunda con el Levante y alguno más. Además, anuncio con felicidad que el jueves me voy a Trinidad y Tobago, con la delegación de España que va a participar en el Mundial Sub17 femenino. Voy ilusionado porque, por primera vez, me adentro en la expedición, como uno más dentro del grupo, con los utilleros, los fisios, los médicos, los delegados, el médico, los entrenadores y seleccionadores y las chicas. Os lo contaré, y lo contaré a diario en http://www.rfef.es. Y además tendré tareas de encargado de prensa allí en el Mundial, mi segundo Mundial del año. Ya os contaré.

Ah, y además de todo, hoy estoy orgulloso. La Vuelta devuelve a los malagueños lo que los malagueños peleamos por el ciclismo, y reconoce a tanto aficionado que alguna vez se puso el reto de subir a los Montes. En una, dos o tres horas. No sé si lo intenté alguna vez con la Motoreta, o con la BH, que era la que me gustaba. Sí recuerdo que la subida a los Montes era la madre de todas la aventuras para los chavales que nos subíamos en la bici y queríamos ir más allá del Camino Suárez, o ya nos aburríamos yendo y viniendo al Paseo Marítimo, no más allá. Siempre pensamos que esa subida se merecía el cartel de 1ª Categoría. Al principio, apenas podíamos ponernos el reto de llegar al Mirador, para engañar al camarero de la Venta y que nos diera agua para hacer la bajada. Le enseñamos a la gente de fuera lo que era el “plato de los montes” y fuímos creciendo. Y cuando nos gustó la bici, la de carretera o la de montaña, nos lanzamos convencidos de lograr la proeza. La montaña nos ponía a cada cual en nuestro sitio. No recuerdo esos “etapones” sin mis colegas de siempre. Mi amigo José María Quintana, que es el profesional del ciclismo en el grupo, tenía espíritu de equipo y tiraba de mí hasta que yo no podía, algunas veces (creo que él ha llegado a subir la montaña en menos de una hora). Pero su ritmo siempre ha sido inalcanzable, y al final, cada uno subía al suyo. Hace años que no ataco el tema, pero entre mis recuerdos apunto los cuatro primeros kilómetros, que tienen pendientes del ocho y el nueve por ciento. Se medio llanea cuando uno pasa por encima de la A-7, y todo se hace cuesta arriba cuando encuentras las primeras ventas. Llegas al Mirador y si eres cicloturista sin pretensiones de establecer marca, paras a descansar y pensar si sigues. De paso miras a Málaga desde el cielo, y disfrutas (no te das cuenta de cuanto hasta que ni te acuerdas de cuando estuviste allí). Y si decides atacar, llaneas otro poco, pasas por los tuneles, te encuentras un par de rampas de las de atacar a lo Contador, y te creces. Pero te faltan los cuatro o cinco últimos kilómetros, que van entre árboles, y lo agradeces. Ahí ya sólo sueñas con la fuente, y llenar de agua justo antes de la Venta Garvey en el Alto del León. Queda “lo duro”. De hecho, si te fijas, encontrarás en el suelo, pintado, un cartel a mano que te avisa: “Lo duro”. Y es realmente duro. No sé si alguna rampa supera el diez por ciento, pero hoy alguno las va a pasar canutas. Ellos pasarán de largo sobre la fuente de agua fría que hay a doscientos metros del Alto (me apunta mi compadre Javi el nombre, que se me había ido, la Fuente de la Reina). Yo he llegado a llorar de emoción en ella. No sé si habré coronado Los Montes en bici cuatro o cinco veces, pero esos etapones los recuerdo con una emoción inexplicable. Hoy, cuando los ciclistas empiecen a dar riñonazos subiendo ese puerto de 16 kilómetros tan importante en nuestras juventudes, me darán ganas de darle al rodillo, a ver si lo ataco otra vez este invierno. Me acordaré de cómo bajamos curveando, de cuando aprendí de la importancia de ponerse el casco siempre, siempre; de una bici a la que tenía que cambiarle las marchas manualmente y de mis pajarones, de la bajada por Olías y la caló que he pasado por esas carreteras de mis sueños de ciclista afisionaillo. Hoy, paso de peleas de audiencia entre los de Sé Lo que Hicisteis y Tonterías las Justas. Gracias a la Vuelta…

P.D.: mis análisis polideportivos carentes de sentido del principio de esta habladuría son el único modo que he encontrado de no hablar del Real Madrid. Que me he prometido estar calladito. Y lo voy a conseguir.

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