Éste, mi Mundial


Lo que estoy viviendo en Trinidad y Tobago (sólo Trinidad, en realidad), es toda una experiencia. No creo que sea capaz de explicarlo bien, pero tengo un rato, y lo voy a intentar. Es la primera vez que me meto en un equipo de fútbol, de lleno, dentro, en las entrañas. Como uno más, haciendo mi tarea, y ayudando en lo que puedo. La tarea, esto de la comunicación, me ha planteado nuevos retos: convencer a los medios, a los amigos de los medios, de que esto tiene algo de interés (bien mirado desde la óptica del periodista, yo que ahora estoy al otro lado). Intentar ayudar a que quien llama, venderle temas a los de fuera para que no se queden en lo obvio, intentar colar mi mensaje, si puedo,… Labor de comunicación, vamos.

Pero además, yendo un poco más allá, mi otra tarea está siendo cuidar de que las chicas aprendan a comunicar. Cierto que la carga de entrevistas y reportajes que exige la Sub17 Femenina no es excesiva, lo que me deja tiempo para practicar con ellas, y que corrijan cositas para mis reportajes de la http://www.rfef.es/, aprendan trucos que les harán llegar mejor a nosotros, los periodistas, encaren una entrevista con los datos necesarios, con el tono adecuado, con una palabra cariñosa con la que ganarnos a nosotros, los periodistas,… En esa tarea, me estoy encontrando unas chicas que no sólo asimilan mis consejos, sino que los ponen en práctica, y los agradecen, que es lo de menos, en el fondo, de verdad. Y puesto a esa tarea, me he involucrado en un grupo unido que es el que forman las chicas con los entrenadores, fisios, médico, utilleros, de un modo especial: me he sorprendido a mí mismo, yo que no soy especialmente cariñoso, poniendole hielo en el tobillo a una que se lo tuerce el día antes de la semifinal y al minuto sabe que se pierde el partido, buscando conversación amable con otra que no se recupera de una lesión y tampoco podrá jugar, haciendo de intérprete cabreado para todas cuando los camareros no les traen la leche caliente pal colacao, ayudándolas a cambiar cincuenta euros en titis (dólares trinitenses), intentando detectar cansancios, desánimos, aburrimientos, premiando con una entrevista a quien lo necesita para venirse arriba, gritándole de guasa a otra que me pone cara de “voy sobraita y estoy harta de reportajes”… Ayer le decía a mi compañero, maestro yedai de las artes feisbuqueras y tuiteras, y entre rebujito y rebujito, amigo de los grandes, Fernando Urra, que me he redescubierto en una vocación “educadora-comunicativa” que me llena por los frutos emocionales y prácticos que a corto plazo me rinde verlas sentirse bien, y por la intuición de que, con un método, esa vocación podría tener efectos beneficiosos para los niños y niñas futbolistas, que unos lo serán y otros no.

Anoche, le explicaba a una de ellas, después de que vieran Invictus, que el estadio de la peli, ése estadio donde Morgan Mandela, perdón, Nelson Freeman hace ganar a Sudáfrica el Mundial de Rugby de 1995, se llama Ellis Park. Y que ahí, España ganó dos partidos del Mundial de este verano. A otra le hablé del Apartheid, en un minuto, y entendió mejor la historia. Y así, a diario, desde el 5 de septiembre que llegué “como un tío que viene pa prensa y que no sabemos para qué viene”. Mañana, hoy para vosotros, cuando jueguen las semifinales, estaré digiriendo cómo ha sido nuestro viaje en bus, inolvidables todos, como hemos entrado en el vestuario del estadio Ato Boldon de Couva, como he chocado la mano a algunas que sé que buscan complicidad, las que no son más tímidas que yo (entre las más tímidas y yo, la relación es jodida). Si ganan, me emocionaré por ellas, y por mí… No por meterme en otra final de Mundial, que con una al año andaba yo servido: en realidad no sé por qué me emocionaré tanto. ¿Se lo merecen? Pues creo que sí, pero no soy objetivo. No sé bien cómo juegan las surcoreanas (algo sí, y debería ser optimista). Quizá ocurra que, si lo ganan, éste sí será en parte, un poquito mío. A lo mejor es eso, sí. O quizá, que esto es fútbol sin cuentos ni historias, fútbol en esencia, el verdadero fútbol y me ha enganchado. En realidad, no lo sé. Ya contaré, si me aclaro.

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