Ahora o ahora, manifiesto por un Málaga mejor

Vuelo en el AVE, caminito a Málaga, e imagino que al llegar al Vialia (me gustaría más que hubiera calado lo de “María Zambrano“), me encuentro una ciudad nueva: Paco, el alcalde, se ha hecho tuitero. Y Adbu… Ibnh… el jeque-jeque ha fichado a un entrenador de nivel, no un desconocido “que no tenía ni idea de lo que es la Liga” (¿qué diferencia hay entre el conocimiento que pudiera tener Jesualdo y el que tenga San Yosé, ninguno de los cuales había entrenado nunca en España? Bueno, es igual, hoy no analizo topicazos mediáticos).

Pellegrini es ya nuestro galáctico, mientras se recupera Rondón, y en tanto en cuanto alguien le enseñe a Quincy “Yons” que al fútbol se juega con un balón para todos, no uno por cabeza. Yo tengo fe en Iván González, cuando no esté lesionado, y me gustaron “Papelito” y Juanmi, o Juanma. Pero no tengo datos suficientes para evaluar las calidades de la plantilla, más allá de la evidencia que dejan los últimos partidos: no tuvimos centro del campo. Traducido al lenguaje de “Manolo“, como llamaba hoy un tuitero paisano a Pellegrini: no tenemos Riquelmes, ni Sennas, ni nada parecido que haga carburar al resto. Pero, insisto, no pretendía yo hoy analizar la plantilla.

Tampoco pretendo topicar sobre el ingeniero chileno, pero sí rezo por el delegado, si lo hay, del diario deportivo madrileño que tiene un director videobloguero. Digo que rezo por el corresponsal en Málaga porque supongo que la ira enfermiza del susodicho no descansó cuando las urgencias, el Barça y don Florentino (con Valdano callado y escondido diciendo eso de pío-pío que yo no fui el que lo trajo), largaron al técnico del Real Madrid. Pero ése no es el objeto de mis habladurías de tren. Lo siento por los periodistas, sí.

Hoy, que tenemos técnico de prestigio, que el jeque-jeque-jeque (no me sale el nombre, lo siento y sí me dan ganas de escuchar chunda-chunda) ha dicho que guarda pasta para fichar en diciembre, que alguno ya se imagina el año que viene escuchando en Martiricos la música de Zadok, el sacerdote, mientras la lona-balón de las estrellitas ondea en el centro del campo, justo encima del cauce del Guadalmedina,… Hoy quiero reclamar para éste nuestro Málaga un poco (un mucho) de colaboración: porque siempre hemos sido con el equipo demasiado exigentes, demasiado ilusos, demasiado descreídos, y poquito de arrimar el hombro, de callar, de esperar y apoyar.

Supongo que alguien me gritará para decir que la gente del Málaga paga su abono, que es muy caro, y que jamás ha tenido alegrías. Yo digo que contribuir a hacer un proyecto deportivo, un proyecto de élite para un club de fútbol es algo más que pagar el abono, siempre carísimo, y quejarse porque uno tiene derecho, que lo pone en el carné (“el poseedor de este carnet puede acceder al estadio y quejarse sin límite“): convendría que se implicara todo el mundo en esta batalla, ahora que ha venido uno de fuera a poner la pasta que nadie de casa quiso o pudo poner. La pasta es fundamental. Pero se necesitan además, tranquilidad para, con la pasta, acertar en los pilares del proyecto: supongo que le harán caso a Pellegrini cuando establezca las bases para recuperar una cantera que no hace tanto nos ha dado futbolistas de calidad. O cuando proponga una dirección deportiva profesional, y no un tío que ficha porque tiene nombre de futbolista con pasado malaguista, algún cursillo, y origen malagueño, a poder ser.

Démosle tiempo y confianza a los profesionales, ya que le dimos dinero para gastarse en un proyecto que potencie la cantera, que fiche con sentido, que piense a medio plazo. Copiemos el ejemplo del Villarreal, que creció desde la nada con el dinero de los azulejos pero con la mente de señores como José Manuel Llaneza, Manuel Pellegrini, etc… Pero no queramos que los frutos broten mañana, démonos un tiempo razonable de apoyo, incondicional, sin evaluaciones ni en la grada de la Rosaleda, ni en el Sur, ni en la peña o el bar, ni en la tertulia del Procono o la radio de Paco Cañete (no sé si el maestro sigue dando guerra y si existe Procono, pero se me entiende, ¿no?).

Hagamos del campo de fútbol un estadio fuerte, mientras nos dan el Mundial 2018, nos eligen para ser sede y nos construyen la Nueva Rosaleda, allí por el Puerto de la Torre, en cinco o seis años, no más. Entonces, quizá, si estos señores aciertan, tengamos un estadio del Siglo XXI que no huela a río, un club que produzca jugadores de primera en el Atlético Malagueño, o como se llame; quizá si nos damos ese plazo de cinco años, entonces podremos vislumbrar un equipo de primera, como dice el himno, de los que viven cómodamente entre los diez primeros, compite en Europa con normalidad y mete miedo a los grandes porque les gana sin que nadie en los diarios deportivos nacionales se sorprenda (comencemos aplaudiendo más a nuestro Málaga que al Real Madrid y al Barça, no como ahora). Pido paciencia, implicación, apoyo, serenidad, ganas de tener un Málaga mejor, como el Unicaja, nuestro ejemplo recurrente.

Pido una afición con madurez para vivir entre los grandes, pido unos medios de comunicación razonables, sin forofeos (los periodistas, asumámoslo, jamás sabremos más que los profesionales, los que se dedican a entrenar, a gestionar). Pido unos políticos que ayuden (aunque mi ideal sería un deporte autosuficiente, sin ingerencias de las instituciones públicas, entiendo que en Málaga, el Málaga necesita de los políticos), unos políticos que ayuden sin necesidad de ir al palco a figurar aunque se aburran porque el fútbol no les gusta, ni lo entienden, a un año vista de las municipales. Pido unión, y me siento legitimado para hacerlo como el que más porque hablo solo, porque me partí la ceja derecha con el traje del Málaga hace más de treinta años, sin tener ni cinco, creo, y porque guardo en mis tesoros de niñez la entrada del último partido del CD Málaga, ante la SD Compostela, cuando aún iba al colegio con mis colegas de siempre, a la EGB, creo. Aquel día, de no sé qué año vimos morir nuestro club y éramos cuatro en la grada. Yo estaba allí, y aunque ahora no vaya a la Rosaleda porque la distancia lo impide, quiero saber que en mi casa juega al fútbol un grande. Grande, como mi tierra. La mejó. Ole.

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