La quincena del trinque

Debería estar indignadísimo. El tufo a mierda que larga todo lo que tiene que ver con el dopaje es como para salir corriendo: en medio del temporal pienso en la cantidad de nuestros deportistas que son gente sana, limpia, que no se dopa. Eso sí, si fuera un prestigioso videobloguero del más afamado diario deportivo amsterdamiano (Holanda), no dejaría títere con cabeza, hablando del deporte español. Un buen Vandenindan diría, en holandés: “vale que fuímos un poco puercos en la final del Soccer City, pero no nos metemos de (metemen de totten, en flamenco)”. Insisto, si lo pensara, me indignaría.

Pero es Navidad. Mejor, pre-navidad. Estamos en semanas de trinque, y los periodistas deportivos madrileños (supongo que en todos lados será parecido), y los que los rodeamos, estamos, están, anestesiados pensando en qué regalo (trinque o gañote, en el argot), darán en la comida del Atleti y la del Madrid (gracias por la invitación informática. No puedo ir), o si habrá agenda de la Liga en la comida de la Liga (no sé si las siguen haciendo), en la cena de la Federación (no sé qué regalo darán. Investigo el tema), en cómo cambiar los turnos para ir a todas, en quien le explica al jefe que las cenas de la empresa no pueden coincidir con aquellas, citas informativas de alto nivel (con trinque, con trinque). Los años de Calderón, Ramón (¿se puede decir “Ramón Calderón” sin que te cierren el bebeblog?), el Real Madrid regaló una bici ortopédica que aún danza en la Cala del Moral, en el piso de la familia Muñoz en la playa malagueña, y una cámara de fotos Nikon, actual herramienta de trabajo personal. Aún así, prometo que no soy muy de estas cosas: demasiada gente, demasiado ruido para tan poco canapé (hace años, el Real Madrid daba un famoso cocido madrileño en el hotel Mindanao, pero ahora montan el chou en el palco del estadio, creo. Y en la última que estuve, por error mío y obligado, por error mio, los canapés eran virtuales. Terminé muerto de hambre, cabreao, abroncao con razón por los compis que no fueron, pero con cámara de fotos). Diré que hay reconocidos y prestigiosos especialistas en asistir a todas: gente que, por lo general, no aparece en una rueda de prensa durante el año pero se siente legitimada para estar, en primera fila y/o mesa presidencial, aplaudiendo el discurso del mandamás de turno (hubo en su tiempo una constituida Peña del Gañote, que ignoro si continúa abierta y revoloteando).

Me molan más las cenas de empresa. Obvio las anécdotas recurrentes: el jefe soplao, la silenciosa compañera que se destapa como brillante organizadora de congas, el currito más que achispao que aprovecha pa cantarle las cuarenta al jefe soplao,… No me resisto a dejar por escrito, por si un día se me olvida, la imagen de un jefe de cuyo nombre prometo no acordarme (no me sale, y llevo diez minutos pensándolo) que se pasó la noche brindando de mesa en mesa al grito de “Vivaajjjjpaña” (Viva España). Creo que luego bailó pasodobles, pero esto no lo vi. Ésta en cuestión no me apasionó, no debí ir. Error. En general, se me dan bien las cenas de empresa, las disfruto, las aprovecho, pague o no pague la empresa (que éste es debate de alta tensión entre los compis, siempre. Hasta el más callao tiene opinión). Te ríes del día a día, de los problemas, de las dificultades…. Te acercas a gente a la que no es fácil hacerlo durante el horario laboral. Haces compañeros, te ganas algún amigo. Recuerdo con cariño la de Radio Voz, antes de que nos echaran a casi todos, o la de Radio España, inolvidable. Inolvidable. A las de Radio Marca creo recordar que no fui. Las del Real Madrid no fueron fáciles: cada una con un jefe distinto, y con el casco antimisiles puesto, por si surgía un Naningate o similar en mitad de la cena. El año pasado, ZP no hizo para los desempleados, o yo no me enteré. Supongo que por la crisis y porque Rubalcaba no estaba para tener la idea. Por eso, éste tengo en mente el martes o miércoles que viene: buenos compañeros, buena empresa, buen menú, seguro, y un lugar excepcional: la Ciudad del Fútbol. Por cierto, que hablando de todo un poco, ¿nadie ha caído en que ganamos el Mundial en la Ciudad (City) del Fútbol (Soccer) de Johannesburgo? ¿Casualidad? ¿Complot? ¿Doping? ¿San Iniesta? ¿Dios, digo, Iker? ¿Por qué nombran a Iker en la gala de los 40 Principales en vez de darle el FIFA Balón D’Or, a él, oh capitán mi capitán, que nos salvó ante Robben, que le paró penalties a Paraguay, que siempre está pero no termina de caer bien? ¿A qué huele la Navidad? ¿Las flores de Pascua , “pascueros” en mi tierra, viven después del 7 de enero? ¿Qué le pido a los Reyes? Zalú, musha zalú… Y, si puede ser, un Tiguan. A off, que degenero y me parece entender en el tuiter que Piqué le dice a Puyol que lo ve “molt enamorat”. Uy,uy,uy,uy,uy….

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