El cajero

Hoy madrugué, era de noche cuando salía de casa. Por trabajo. Sin insultar, que mi trabajo me hace trasnochar, bastantes veces, no madrugar. Casi nunca. Salí a la calle, al tiempo que un trajeado señor resacoso, desaliñado, arrastraba su maleta de ruedas y la bolsa del portátil. Pensé: “de la fiesta a Barajas, del tirón. Vaya pinta lleva el ejecutivo”. Hizo por cruzar. No paró taxi. Continuó caminando sin rumbo. Eche la vista a su lugar de origen. No salía del portal, como yo. Había aparecido en la acera desde un cajero de esos que son como cabinas privadas, de los de La Caixa. No salía de sacar pasta pal taxi. No salía de abrir la sucursal al publico. Abandonaba su resguardo nocturno, su cama, su casa improvisada. El ejecutivo de la mochila tipo portátil y la maleta de ruedas no era ejecutivo, ni resacoso. Era indigente. Perdí el sueño y decidí sentirme privilegiado por madrugar para ir al trabajo.

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