Oda al campero de pollo

Debería estar paseando por el Real, por la calle Larios, o tirao en la Plaza de la Merced, estos días que no hace musha caló y en la Feria se debe de estar de escándalo, en minúscula. O al menos podría andar en los cacharritos, mareando a los churumbeles de mis colegas de siempre. Y sin embargo, habito en Las Rozas, preparando un viaje a Trinidad y Tobago que anticipa experiencias increíbles. En Madrid el tiempo no es como para achicharrarse, pero entre preparos, echo de menos un campero de tó. ¿Y qué es un campero de tó? Pues un campero que lleva pollo, huevo, jamón de yó y tranchetes, mayonesa, ketchup, cebolla picá… ¿Y qué es un campero? Un campero es lo mejor del mundo. Lo mejor. Lo mejor.

Aparte de ser lo mejor, para los ignorantes, es un bocaillo que se hace con todo lo anterior, más un mollete de Antequera, que es un tipo de pan, y se pone en la plancha a tostar como si fuera un Kebab, pero sin ser un Kebab, sino siendo un campero. Podría ponerme a copiarlo, pero los molletes no se exportan. En el Carrefú hay comida india, comida china, comida paquistaní, comida paraguaya, comida congoleña,… Pero no hay molletes de Antequera. Y así es jodío, el tema. No lo entiendo. De verdad, no me cabe en la cabeza.

Resulta que exportamos a Fran Perea y a Antonio Banderas. Éste, nos devuelve los favores a los paisanos y le cambia el nombre a La Posada, la jode (sin explicación alguna), y nos deja sin un buen sitio pa ponerse uno púo en el centro de la ciudad. Y sin embargo, no monta un negocio mundial de “Camperos de Málaga”. Nos conoce el jeque-jeque, arrasamos con la Feria, que es la mejor, y la más popular de Andalucía. Nos reconocen por Michelle, que ha limpiado Marbella (gracias, señora Obama). Estamos en todos los rincones del planeta por obra y gracia de Picasso. Y sin embargo, nadie conoce nuestros camperos.

Entiendo que nos sea difícil explicar qué es la biznaga (huele bien, y está hecha de florecillas del campo, creo). Y ni os cuento con “El cenachero”, un señor vendedor de ¿pescao? que parece el esposo de la diosa de la justicia. Ambos dos son símbolos tradicionales de lo malagueño. De puertas para adentro. Como el campero. Con la diferencia de que un campero es lo mejor del mundo, si de papeo hablamos. Ahora es cuando mis amigos extra-malagueños, sobre todo los que estuvieron en la Feria de Málaga en Madrid de este pasado finde, me preguntan por qué les atiborré de rebujito, que no es malagueño aunque se beba como si lo fuera (la mezcla del vino dulce con el esprite no ha funcionado, y tampoco lo entiendo). Y no les hice camperos. No caí. Con la emoción de las canciones del Fari se nos pasó la Feria rápido. Ahora que uno recupera, y sabe que esta noche es víspera de festivo, y el Real reventará, echa de menos su campero de pollo. No los carricoches, no la pringue de las casetas de la juventú. No el concierto de Pimpinela. Ni los espetos, ni los calores, ni el waka-waka que se habrá ganado ser la canción de la Feria. ¡¡¡Quiero un campero, snif, snif!!!

3 Comentarios

  1. Oye, cuándo nos echamos un Campero de pollo, ya me provocaste el antojo. Tendré que ir a Málaga como sea. Por cierto, hay una cadena de restaurantes guatemaltecos, ahora extendida por más sitios, que se llama el Pollo Campero, y la gente que viaja de Guatemala a EE.UU. se trae su pollo campero en el avión.

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  2. Hay que organizarlo. Para la proxima Feria de Malaga en Madrid, te lo organizas, y ya tendré el operativo para hacer camperos de pollo, o de lo que querais, je je je… Investigo sobre el pollo campero. Abrazos

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